7 de enero de 2008

Las mil y una noches, o historia de un viaje de ida y vuelta

Aunque no sea lo más frecuente, en ocasiones la traducción influye tanto en la cultura de origen como en la de partida. Por ejemplo, prestigia de nuevo textos olvidados, a la estela de ese ojo que se ha puesto a mirar desde el exterior. Es el caso de Calderón y los románticos alemanes: en España, Calderón había caído en el descrédito como ejemplo puro de lo mal que, a juicio de los neoclásicos, se había llegado a escribir en nuestro país. Hoy no creo que se le tenga a Calderón el fervor de los Schlegel, pero tampoco miramos el mundo con las gafas (estrechitas de miras, sin dudas) de Boileau.

Otro caso paradigmático podría ser el de Las mil y una noches, a juzgar por lo que cuentan M. Dolors Cinca y Margarita Castells en el prólogo a su edición de Destino (1998; 2006, 7.ª reimpr.). Es una historia compleja, que vale la pena citar por extenso:

Las traducciones al castellano de la versión de Galland ... siguen circulando en nuestros días y, sin ir más lejos, puede que no pocos de los lectores actuales hayan tenido su primer contacto con la obra a través de una de ellas. A pesar de que dicha versión sea considerada hoy desfasada, más representativa de la moral francesa dieciochesca y el gusto del público de su tiempo por un cierto exotismo orientalizante que de las distintas sociedades y culturas orientales que contribuyeron a su creación, no puede negarse que la visión unitaria que transmitió de la obra, nuestra familiarización con el personaje de Shahrasada o algunas de las ideas populares todavía vigentes —como la de relacionar los cuentos de "Aladino y la lámpara maravillosa" o "Alí Babá y los cuarenta ladrones" con Las mil y una noches— se deben a su influencia.

Por otro lado, el éxito de la traducción de Galland y las expectativas que suscitó fueron fundamentales para la elaboración de las primeras ediciones impresas en árabe de Las mil y una noches —en la primera mitad del siglo XIX— y el afán de reunir en ellas la mayor cantidad posible de cuentos con el fin de presentar una versión lo más completa posible de la colección. De entre la ingente cantidad de manuscritos árabes existentes, parece que los editores del siglo XIX se inclinaron por los más "recientes" respecto al momento de su compilación, la mayoría redactados y copiados en el siglo XVIII. Así fue como, adaptando convenientemente las diferentes historias a la estructura general de la colección y el lenguaje de los textos a las exigencias del árabe clásico, aparecieron las ediciones árabes que aún hoy se venden como prototipo de Las mil y una noches y cuyas traducciones a lenguas occidentales, entre ellas al castellano, han marcado nuestro conocimiento de la obra a lo largo de este siglo.